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CASA DE LA CULTURA ECUATORIANA

Publicaciones Casa de la Cultura Ecuatoriana

Joaquín Pinto: Álbum Particular

Joaquín Pinto, Quito, 18 de agosto de 1842, uno de los máximos exponentes de la pintura quiteña de la segunda mitad del siglo XIX, trabajó bocetos, pinturas y grabados, con las más diversas técnicas: oleo, acuarela, pastel, témpera, carboncillo, pintura al cebo, etc.

Exploró las posibilidades visuales de figuras arqueológicas, flora y fauna local, y desarrolló temáticas variadas y usuales en su época: motivos religiosos, retrato, academicismo, costumbrismo, paisaje, sátira y caricatura.

Cuando tenía 7 años de edad, buscó adquirir conocimientos en la escuela con su compañero de aula Cipriano Borja. Posteriormente continuó su aprendizaje, durante breves y dispares períodos, en los talleres de Ramón Vargas, Rafael Venegas, Andrés Acosta, Tomás Camacho y Santos Cevallos. Pero el maestro que más influencia ejerció en su preparación y perduró en su memoria fue Nicolás Cabrera, tallerista que perteneció a una reconocida familia de artistas.

Por medio de Cabrera, Joaquín Pinto debió conocer el Tratado de Pintura, de Manuel Samaniego, y fiel a la tradición, trató de llegar a la perfección mediante la copia y la imitación, pintando en pequeño formato la colección de pinturas de los Profetas de Goríbar de la iglesia de La Compañía.

Tras la muerte de su maestro en 1859, Pinto se dedicó de lleno a la pintura, que combinó, de 1860 a 1875, con estudios autodidactas de geometría, anatomía, plástica y perspectiva. Más aún, para enriquecer su formación estudió francés, inglés, italiano, latín, alemán y hebreo, y asistió a las clases prácticas de anatomía que en 1862 se dictaban en el viejo anfiteatro quiteño ubicado junto al Hospital San Juan de Dios.

En 1862, a los 20 años de edad, 'abre taller' y se nutre de las acuarelas costumbristas de Charton y Manosalvas. Este interés lo llevó a realizar acuarelas sobre los personajes costumbristas que Juan León Mera presentó en sus coplas en un intento por rescatar el folclor y las tradiciones populares. El pintor creó dos series, una en 1892 y otra entre 1899 y 1901.

Pinto se inicia en el grabado a partir de 1859, ario en que Juan Pablo Sanz comienza el grabado litográfico en la ciudad de Quito trayendo piedras litográficas de la hacienda de Tolontag.

En 1875, cuando contaba con 33 años de edad, Joaquín Pinto se casó con Eufemia Berrío, de nacionalidad colombiana, una de sus sobresalientes alumnas.

Ocasionalmente salió de la ciudad para dibujar la naturaleza, lo cual, a su vez, lo llevó a fortalecer su interés por el paisaje acorde con la corriente romanticista que llegó al Ecuador alrededor de 1868. Dibujó y bocetó elevaciones, montañas, valles y llanuras, y en su afán por registrar la ubicación y características de la flora y fauna circundantes, efectuó anotaciones en sus bocetos e incorporó amplias gamas cromáticas basadas en fotografías en blanco y negro con el objeto de desarrollar posteriores composiciones.

Joaquín Pinto documentó las excavaciones que Monseñor Federico González Suárez realizó en 1870 en el norte del país. Dibujó posteriormente, para el mismo sacerdote, una serie de piezas cañaris que fueron incluidas en los libros: Estudio histórico sobre los cañaris (1878), Atlas arqueológico (1910) y Los aborígenes de Imbabura y del Carchi (1910).

Su interés hacia el estudio científico se complementó en 1893, cuando el doctor parisino radicado en Quito, Augusto Cousin, le encargó ilustrar Faune Malacologique de la Republique de l'Equateur, libro de malacología publicado en 1897 en el Boletín de la Sociedad Zoológica de Francia. Pinto compuso 36 óleos sobre papel, de caracoles y moluscos. Posteriormente, en 1899, Francisco Cousin Saá lo contrató para que realizara temas costumbristas en acuarela, actividad que desarrolló durante tres años.

Destaca en su obra los autorretratos, en especial un retrato a lo divino, en el que toma la personalidad de San Joaquín, con sus símbolos iconográficos: el cordero y la niña María en brazos. Además, se autorretrata tocando el violonchelo y como una de las almas del purgatorio junto a la Virgen del Carmen.

Impartió clases particulares en su domicilio, y entre 1884 y 1895 dictó la cátedra de dibujo en el colegio mercedario San Pedro Pascual. En 1903, ya viudo, viajó a Cuenca para dirigir la Academia de Dibujo y Pintura. Un ario después se reabrió la Escuela de Bellas Artes en Quito y se sumó al cuerpo docente a pedido del ministro de Educación, escritor y pintor Luis Alfredo Martínez. Dictó cátedra hasta su fallecimiento, ocurrido el 24 de junio de 1906, cuando tenía 63 años de edad.

Joaquín Pinto firmó y fechó muchas de sus obras, incluyendo sus bocetos, apuntes y dibujos preparatorios, a veces con el sinónimo IPTON, compuesto por las letras de su apellido.

Dejó numerosas miniaturas, a las que dotó, como ningún otro, de realismo, movimiento y vida. Muchas de ellas son burlescas y sarcásticas.

En 1905, cerca del final de sus días, realizó el Dies Irae, óleo sobre cobre de 16 x 22 centímetros, que fue reconocido como una de las más grandes creaciones artísticas de la época. Fue tal la conmoción que ocasionó, que recibió premios y condecoraciones, y el Vicario Capitular, Dr. Pérez Quiñónez, lo enalteció en un artículo publicado en el Boletín Eclesiástico #3, del 1 de marzo de 1905. En agradecimiento al prelado, Pinto ejecutó la obra La Redención. Primero la bocetó en la tela circular de aproximadamente 20 centímetros que actualmente se conserva en la colección Alberto Mena Caamaño del Centro Cultural Metropolitano, y posteriormente la plasmó sobre una moneda de dos centavos, conocida con el nombre de El Centavo, esta muestra un Calvario que incluye, pese al tamaño, 18 personajes.

Entre los pocos reconocimientos que Pinto recibió se cuentan: Medalla de Oro de la Sociedad Filantrópica del Guayas en la Exposición Nacional de Guayaquil (1880); Premio de la Exposición Nacional de Guayaquil y Premio de la Municipalidad Cantonal (1888). En 1894 participó y obtuvo medallas de oro en las exposiciones Universal de Chicago y Nacional de Quito. En 1900 dos de sus óleos fueron enviados a la Exposición Universal de París y también obtuvieron medallas de oro.

El historiador José Gabriel Navarro, alumno de juventud de Pinto, dijo: "Su arte es personal, y como pocos le comprendían, no tuvo mecenas que lo apoyaran".

[Colección: Varios - Materia: Arte - Libro - Formato: 28 x 28 - ISBN: 978-9978627182 - Fecha: 2013/07 - Páginas: 341 - Editorial: Pedro Jorge Vera - Sede Nacional]


Joaquín Pinto

Joaquín Pinto, Quito, 18 de agosto de 1842, uno de los máximos exponentes de la pintura quiteña de la segunda mitad del siglo XIX, trabajó bocetos, pinturas y grabados, con las más diversas técnicas: oleo, acuarela, pastel, témpera, carboncillo, pintura al cebo, etc.

Exploró las posibilidades visuales de figuras arqueológicas, flora y fauna local, y desarrolló temáticas variadas y usuales en su época: motivos religiosos, retrato, academicismo, costumbrismo, paisaje, sátira y caricatura.

Cuando tenía 7 años de edad, buscó adquirir conocimientos en la escuela con su compañero de aula Cipriano Borja. Posteriormente continuó su aprendizaje, durante breves y dispares períodos, en los talleres de Ramón Vargas, Rafael Venegas, Andrés Acosta, Tomás Camacho y Santos Cevallos. Pero el maestro que más influencia ejerció en su preparación y perduró en su memoria fue Nicolás Cabrera, tallerista que perteneció a una reconocida familia de artistas.

Por medio de Cabrera, Joaquín Pinto debió conocer el Tratado de Pintura, de Manuel Samaniego, y fiel a la tradición, trató de llegar a la perfección mediante la copia y la imitación, pintando en pequeño formato la colección de pinturas de los Profetas de Goríbar de la iglesia de La Compañía.

Tras la muerte de su maestro en 1859, Pinto se dedicó de lleno a la pintura, que combinó, de 1860 a 1875, con estudios autodidactas de geometría, anatomía, plástica y perspectiva. Más aún, para enriquecer su formación estudió francés, inglés, italiano, latín, alemán y hebreo, y asistió a las clases prácticas de anatomía que en 1862 se dictaban en el viejo anfiteatro quiteño ubicado junto al Hospital San Juan de Dios.

En 1862, a los 20 años de edad, 'abre taller' y se nutre de las acuarelas costumbristas de Charton y Manosalvas. Este interés lo llevó a realizar acuarelas sobre los personajes costumbristas que Juan León Mera presentó en sus coplas en un intento por rescatar el folclor y las tradiciones populares. El pintor creó dos series, una en 1892 y otra entre 1899 y 1901.

Pinto se inicia en el grabado a partir de 1859, ario en que Juan Pablo Sanz comienza el grabado litográfico en la ciudad de Quito trayendo piedras litográficas de la hacienda de Tolontag.

En 1875, cuando contaba con 33 años de edad, Joaquín Pinto se casó con Eufemia Berrío, de nacionalidad colombiana, una de sus sobresalientes alumnas.

Ocasionalmente salió de la ciudad para dibujar la naturaleza, lo cual, a su vez, lo llevó a fortalecer su interés por el paisaje acorde con la corriente romanticista que llegó al Ecuador alrededor de 1868. Dibujó y bocetó elevaciones, montañas, valles y llanuras, y en su afán por registrar la ubicación y características de la flora y fauna circundantes, efectuó anotaciones en sus bocetos e incorporó amplias gamas cromáticas basadas en fotografías en blanco y negro con el objeto de desarrollar posteriores composiciones.

Joaquín Pinto documentó las excavaciones que Monseñor Federico González Suárez realizó en 1870 en el norte del país. Dibujó posteriormente, para el mismo sacerdote, una serie de piezas cañaris que fueron incluidas en los libros: Estudio histórico sobre los cañaris (1878), Atlas arqueológico (1910) y Los aborígenes de Imbabura y del Carchi (1910).

Su interés hacia el estudio científico se complementó en 1893, cuando el doctor parisino radicado en Quito, Augusto Cousin, le encargó ilustrar Faune Malacologique de la Republique de l'Equateur, libro de malacología publicado en 1897 en el Boletín de la Sociedad Zoológica de Francia. Pinto compuso 36 óleos sobre papel, de caracoles y moluscos. Posteriormente, en 1899, Francisco Cousin Saá lo contrató para que realizara temas costumbristas en acuarela, actividad que desarrolló durante tres años.

Destaca en su obra los autorretratos, en especial un retrato a lo divino, en el que toma la personalidad de San Joaquín, con sus símbolos iconográficos: el cordero y la niña María en brazos. Además, se autorretrata tocando el violonchelo y como una de las almas del purgatorio junto a la Virgen del Carmen.

Impartió clases particulares en su domicilio, y entre 1884 y 1895 dictó la cátedra de dibujo en el colegio mercedario San Pedro Pascual. En 1903, ya viudo, viajó a Cuenca para dirigir la Academia de Dibujo y Pintura. Un ario después se reabrió la Escuela de Bellas Artes en Quito y se sumó al cuerpo docente a pedido del ministro de Educación, escritor y pintor Luis Alfredo Martínez. Dictó cátedra hasta su fallecimiento, ocurrido el 24 de junio de 1906, cuando tenía 63 años de edad.

Joaquín Pinto firmó y fechó muchas de sus obras, incluyendo sus bocetos, apuntes y dibujos preparatorios, a veces con el sinónimo IPTON, compuesto por las letras de su apellido.

Dejó numerosas miniaturas, a las que dotó, como ningún otro, de realismo, movimiento y vida. Muchas de ellas son burlescas y sarcásticas.

En 1905, cerca del final de sus días, realizó el Dies Irae, óleo sobre cobre de 16 x 22 centímetros, que fue reconocido como una de las más grandes creaciones artísticas de la época. Fue tal la conmoción que ocasionó, que recibió premios y condecoraciones, y el Vicario Capitular, Dr. Pérez Quiñónez, lo enalteció en un artículo publicado en el Boletín Eclesiástico #3, del 1 de marzo de 1905. En agradecimiento al prelado, Pinto ejecutó la obra La Redención. Primero la bocetó en la tela circular de aproximadamente 20 centímetros que actualmente se conserva en la colección Alberto Mena Caamaño del Centro Cultural Metropolitano, y posteriormente la plasmó sobre una moneda de dos centavos, conocida con el nombre de El Centavo, esta muestra un Calvario que incluye, pese al tamaño, 18 personajes.

Entre los pocos reconocimientos que Pinto recibió se cuentan: Medalla de Oro de la Sociedad Filantrópica del Guayas en la Exposición Nacional de Guayaquil (1880); Premio de la Exposición Nacional de Guayaquil y Premio de la Municipalidad Cantonal (1888). En 1894 participó y obtuvo medallas de oro en las exposiciones Universal de Chicago y Nacional de Quito. En 1900 dos de sus óleos fueron enviados a la Exposición Universal de París y también obtuvieron medallas de oro.

El historiador José Gabriel Navarro, alumno de juventud de Pinto, dijo: "Su arte es personal, y como pocos le comprendían, no tuvo mecenas que lo apoyaran".

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